Adelante la revuelta, por la Democracia, por la República

Publicado: 22/05/2011 en Noticias

Durante años se han ido acumulando las nubes de tormenta: cinco millones de parados; una generación condenada a vivir peor que sus padres,  un sistema político corrupto hasta la médula, sustentado en instituciones dirigidas por vividores y caciques  desvergonzados, tipejos sin talla política ni humana; medios de comunicación controlados, como casi todo, por el dinero de banqueros y especuladores (realmente ambos términos son el mismo); politicastros hechos a vivir del cuento y reírse de los ciudadanos, incluidos sus propios votantes, a los que  se humilla con sus formas cortesanas y  sus querellas barriobajeras.

“Lo llaman democracia y no lo es”, fue el grito de miles de personas contra la guerra y sus miserias, hace ocho años. Ya entonces se veía venir lo que ha venido; pero aquel despertar ciudadano terminó chocando con un entramado bien armado, precisamente para evitar que la protesta pase del amago al golpe. Zapatero se encontró con una victoria que no esperaba y que no supo administrar, porque no era suya, sino de una ciudadanía que ya no creía en una democracia inexistente, sustentada en el poder real de un puñado de familias, las mismas de siempre, las que crecieron a la sombra del franquismo y siguen manejando los hilos de la trama en esta farsa de borbones, mitras, galones y rentistas sin escrúpulos. Una ciudadanía que tampoco encontraba instrumentos para dirigir su rabia.

Ya entonces, los ciudadanos comenzaban a sentir que la democracia por la que habían luchado ellos y sus padres, se había convertido desde el principio, por la traición de unos cuantos, en papel mojado. La izquierda sumisa no ha sabido (realmente no ha querido, porque las señales eran evidentes) responder a esta corriente; no ha percibido que la parte más consciente de la ciudadanía, la que promueve los grandes cambios, empezaba a hacerse preguntas, sin esperar ya que ellos les dieran las respuestas. La expresión de rabia de hace ocho años, ha estado a punto de acabar en frustración, porque la izquierda indigna de ese nombre, ha seguido de espaldas a la mayoría.

Cuando menos lo esperaban, a las puertas de unas elecciones, de una más de esas citas rituales diseñadas para perpetuar la carcasa de legitimidad de un vacío democrático, la rabia se ha desbordado. A un lado la basura, al otro el Pueblo, con mayúsculas, harto de que se le considere súbdito, harto de sufrir a una izquierda que le golpea con la saña y el cinismo de la derecha y a una derecha que, esta sí, coherente con los intereses de su clase, amenaza con ir todo lo lejos que pueda, hasta negar, si puede y le dejamos, el futuro de nuestros hijos. La fuerza de lo colectivo, de la mayoría, se está haciendo oír, por encima del silencio que durante tantos años ha impuesto sus enemigos de clase.

¿A quién puede extrañar que esta corriente ciudadana que desborda de dignidad la Puerta del Sol, centro de las grandes citas de nuestra historia, arroje su asco a la cara de todos los que sustentan este sistema?. Una de las consignas que adornan la plaza, lo sintetiza: no somos antisistema, el sistema es antinosotros.

Indigna ver el cinismo con que los farsantes de siempre, los que han votado los recortes, justifican la venta de la democracia a los mercados y rinden los derechos de la mayoría a los poderes financieros, afirman compartir los objetivos de la marea humana que les insulta, “comprender” la indignación y sus razones: Zapatero, Rubalcaba, Rajoy…hasta Camps  prototipo de sinvergüenza que se ríe de todos y de todo, amparado en un sistema judicial lento y benigno con los poderosos. ¡Cómo pueden decir esto!¡Cómo es posible ser tan cínico!

¡No!, ¡Por supuesto que ellos están, junto a sus amos, los Botín, Fernández y cía. en el lado de la basura que debemos limpiar para sentar las bases de una democracia real, de la mayoría! Y lo saben, por eso intentan enturbiarlo todo, presentándose, aunque pocos les crean ya, como defensores del bien común que han violado siempre.

No es la primera vez que el malestar larvado se condensa y explota espontáneamente, pero tampoco sería la primera en que ese malestar se pierde en impotencia. Ahora bien, tampoco la situación es la misma que en otras ocasiones.

En la Puerta del Sol hay emociones y sentimientos, ¡claro!, ¿que podía esperarse, cuando se han cerrado las salidas?. Ahora bien, las emociones y los sentimientos son las bases de la conciencia política; y los miles de ciudadanos que la llenan por oleadas, van encontrando las palabras, los términos que concretan en demandas su hastío, su hartazgo de tanto engaño.

No somos apolíticos, hacemos política; señalaba uno de los participantes en las movilizaciones. ¡Y vaya si es cierto! Poco a poco  las masas van destilando sus quejas en reivindicaciones y programas. Tan es cierto esto, que la mayoría de las propuestas que surgen en las asambleas de la Puerta del Sol: nacionalización de la banca intervenida, República, participación real de la ciudadanía, coinciden punto por punto con las que articulan los programas  de la izquierda real que empieza a entrar en la lucha política en estas elecciones.

Somos apartidistas, señalan ¿Cabría esperar otra respuesta, cuando en la política española domina la basura, cuando los partidos que se disputan a bocados el voto son ejemplos de complicidad y  cobardía?. ¡Claro que no todos somos iguales!, claro que nuestro Partido, por ejemplo, siempre ha peleado (tantas veces contra corriente) por acabar con esta de democracia tutelada; por la democracia real, republicana, popular. Claro que, junto a otras organizaciones que están surgiendo, nos esforzamos en hacer realidad la unida que los pueblos de España necesitan, sobre unas bases de progreso. Pero la mayoría aún no lo sabe (bien se esfuerza la bestia en silenciarnos).

El caso es que hoy, por la amplitud del movimiento, el debate trasciende esta cuestión. La gente pelea por hacer realidad una consigna que  también es nuestra: frente al bloque oligárquico, frente al poder corrompido, levantemos un bloque popular. Así como reivindicaciones ya clásicas y perfectamente asumidas a nivel popular, como es el derecho de autodeterminación;, la recuperación de la memoria histórica; la derogación de la infame “ley de partidos” que en realidad es una ley contra los partidos y organizaciones que no se someten; una ley electoral justa y no discriminatoria, que cada voto tenga el mismo valor; etc., etc.

Se identifica al enemigo común; lo demás ya llegará; demos tiempo al tiempo; permitamos que la ciudadanía viva su propia experiencia. No será un proceso fácil, pero llegará, porque  millones de personas van reconociendo su fuerza y, aunque dentro del movimiento hay sectores que conforme crezca la conciencia política, conforme se evidencie la necesidad de organizarla, van a pugnar por ahogar las esperanzas puestas en marcha, por llevar este clamor ciudadano y popular al pantano de la frustración; ¿donde no ocurre esto?   Debemos  explicar y explicarnos, aprender el lenguaje de la gente, sintetizar la experie4ncia de la historia: frente a un enemigo fuerte, es preciso no solo esforzarnos, sino reforzarnos; que la revolución no se hace, sino que se organiza. Pero esas enseñanzas, si mantenemos la calma, si seguimos ligados a la gente, se irá aprendiendo conforme el enemigo responda.

Algunos sesudos majaderos se afanan por identificar qué fuerzas están detrás de esta magnífica tempestad. No es esa la cuestión: sea cual sea la cerilla que ha incendiado  la indignación, lo realmente importante es que el incendio se propaga,

20 de Mayo de 2011                                 Secretariado del CC del PCE (m-l)

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