Pastores de olivos, por Benjamín Lajo

Publicado: 12/01/2011 en Artículos, Colaboradores
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“Tiene el pueblo siete llaves para siete puertas. Son siete puertas al Campo, las siete abiertas”

Lope Robledo (Segovia, 1812-Sepúlveda, 1860)

El Tío Manuel portando un saco de aceitunas de un bancal

Tañe la campana del reloj del campanario pregonando la hora de un nuevo día. Los olivos esperan desde los bancales y los llanos a sus pastores, que llegan para ordeñar el fruto de sus ramas, su generosa cosecha.

Este año he podido compartir de nuevo la Campaña de la Aceituna en la Sierra de Espadán, en Algimia de Almonacid, Castellón. La experiencia de haber vivido ya su transcurrir en la anterior campaña, me ha concedido esta vez vivir con mayor intensidad su proceso. Esta ventaja, me ha permitido captar con mayor precisión en este ocasional aprendizaje de jornalero del Olivo, en las cinco semanas que he pasado entre ellos y con la gente de nuestro campo. Estos agricultores que he conocido por varios pueblos y tienen rostro y nombre. A pesar de las dificultades por las que atraviesan, mantienen prendida la Llama de La Esperanza con el compromiso de hacerles frente, aunque esa llama, irremediablemente, esté amenazada y condenada por el abandono y la indiferencia de hombres y mujeres que nada tienen que ver ni con sus vidas, ni con la tierra que trabajan con mucho esfuerzo. Personas que no han pisado nunca esos lugares donde nacen y se crían generosamente los alimentos que todos necesitamos.

Cuando conocí a la familia amiga de Algimia de Almonacid que me abrió hace un año, como esta vez, su casa (gracias Victoria y Rafael) y sus corazones. Que me enseñaron desde “dentro” la realidad del campo que nunca nos dio la espalda (fuimos nosotros los que nos alejamos de él buscando una prosperidad que ya la teníamos ante nosotros, para irnos a las ciudades a competir por un trabajo, un piso-enjambre y una plaza de garaje; entre una multitud desconocida y triste que camina ligera y abstraída mirando sin ver) fui acogido por su sincera amistad y hospitalidad por Vicenta, José y Manuel, que representan a ese pasado que con mucho trabajo pensó en su porvenir y aseguraron con sacrificio, entrega, que su descendencia pudiera alcanzar una vida más grata y feliz que la que a ellos les tocó vivir. La hija de Vicenta y José, Encarna, con su marido Vicent, son el presente. Y su hijo, el joven Iván, nuestro incierto futuro. Cuando me propusieron volver, retroceder en este huir hacia adelante que voluntariamente nos arrastra y nos lleva a Déborah, mi compañera, amiga y a mí por los pueblos de las sierras valencianas buscando experiencias y respuestas para nuestras innumerables dudas. Compartiendo inquietudes y anhelos. Pensé que sería oportuno y acertado reflexionar profundamente, de cerca, con las tres realidades del campo a través de ellos, de sus vidas, pues son sin duda alguna, su pasado, su presente y nuestro futuro. Fue entonces, cuando decidí retroceder en solitario nuestro improvisado, pero objetivo camino, para corresponderles por su alentadora generosidad.

EL OLIVO SERRANO

Tu Sombra de Luz es testigo del Tiempo en las altas llanuras de los bancales. La sierra que te cobija y las manos que te protegen, ordeñan las ubres de tus ramas esenciales; donde brota la Esperanza y es regada por el sudor y la entrega solemne de la voluntad  humilde.

(Benjamín Lajo Cosido. Al Olivo Serrano de la Sierra de Espadán)

LAS ENSEÑANZAS DE VICENT

Iván repasando por lo alto

Mientras poda las ramas que han dado su fruto y respeta las vacías de aceitunas que son promesa de su generosidad para la próxima campaña, Vicent Navarro de Aín me explica que la poda debe tener un fin y es el de favorecer la producción y facilitar su recolección. Antaño el sistema era más rudimentario y no se daba la atención necesaria a la poda, ayudando con ella al crecimiento del árbol en altura; con lo que la recolección era más difícil y dejaba en el árbol madera “inútil”. Recordé, cuando me comentó este dato, al botánico Cavanilles quien hace doscientos años recorrió los pueblos de Valencia y en sus crónicas observó este detalle para emplear esta palabra. “Mucha madera inútil” refiriéndose a la poda que se hacía antaño en huertas como la de Chulilla por los agricultores. Según Vicent, ahora se es más meticuloso en esta materia y se busca en la poda que el Olivo crezca a lo ancho, dejándole a una altura adecuada para que las máquinas vibradoras trabajen con facilidad y lleguen a todas las ramas principales con el fin de cosechar cómodamente y con rapidez su fruto. Los mayores, El Tío José y el Tío Manuel, siempre llevan en los capazos sus serruchos curvos para podar algún que otro brote borde (en Algimia lo llaman, Rijo) que me ilustra de la forma de poda que se ejercía sin los medios mecánicos con los que hoy se cuenta. El Rijo o brote borde, es una rama vertical que crece en el interior del árbol. Es conveniente podarlos para dar ventilación al Olivo despejando con la poda estas ramas que crean espesura en su centro. Para dar una visión enfocada a la poda, ésta debe realizarse antes de desprender la aceituna del Olivo. Vicent, con su pequeña y manejable moto sierra, esculpe los olivos como lo hace un escultor con su arcilla, su piedra o su metal; y cuando han sido vaciados de ramas y fruto, es admirable contemplar el resultado que se obtiene tras una poda acorde, realizada con verdadera maestría.

La Campaña del Olivo junto a mis amigos de Algimia de Almonacid me ha aleccionado hasta el punto de que ya no miraré a los árboles como lo he hecho hasta ahora. Me ha enseñado a sentir sus latidos, sus posibilidades para hacerlo más fecundo; ya que aunque la forma de poda y sus propósitos varían según la especie del vegetal, del árbol. Su función, su finalidad, es la de favorecer con la poda, un mayor y mejor resultado de la cosecha.

A su lado he podido dar respuestas a las dudas de un pagano del campo que ha vivido en la ciudad e ignoraba la avalancha de sensaciones que te acerca El Campo si aprendes a escucharle. Estos hombres y mujeres que huelen a Tierra, sufren, a mi entender, el desgaste que les ocasiona tener que hacer sumas de restas en las inversiones a las que deben hacer frente para que todo fluya. Soportar una Ley de Mercado injusta que asfixia su esperanza cuando ven que sus productos llegan hasta el consumidor con su precio hasta cuatro veces encarecido de su precio de origen de forma especulativa por los gestores del sudor ajeno. Esta es una opinión personal basada en hechos que no se justifican, ni con gastos de transporte, ni con beneficios comerciales. Justo es que quien trabaja y dedica su esfuerzo a la tierra hasta conseguir las cosechas sea quien mayor parte del beneficio reciba. No es sostenible que suban cada temporada los productos necesarios para su mantenimiento como abonos, tratamientos, riegos, etc. Y se mantengan o devalúen los precios de origen del cultivo o la crianza.

Una de los momentos que más he disfrutado junto a Vicent Navarro, el presente, con el que he convivido un mes y unos días, ha sido la Historia Oral que generosamente me ha brindado al rememorar las historias familiares a través de los campos de olivos por los que íbamos trabajando. Su Historia. La de sus antepasados, que mientras desramábamos la aceituna con nuestros bastones se comentaban en grupo y cada uno aportaba sus recuerdos o sus opiniones. En muchos de esos momentos sentía (como soñador que soy) las voces de otros que anduvieron por allí como estábamos haciendo nosotros en ese instante. Entre olivos…

“¡Olivares y olivares prendidos cual bordados alamares!”

(Antonio Machado)

La señora Vicenta

La señora Vicenta remendando las mallas

Con sus ocho décadas y algún año más, la señora Vicenta, matriarca de este grupo familiar en el que me he sentido felizmente integrado, ha sido con su aportación intendente la que silenciosamente, sin hacer ruido, ha ido facilitándonos a todos desde el hogar que no nos faltase la ropa limpia y seca durante toda la campaña. Las compras en la tienda. Ella sabe, pues ha vivido tiempos mucho más duros y sacrificados que los nuestros en el campo, lo importante que es tras la jornada de trabajo asearse y cambiar esa ropa impregnada de tierra, sudor y aceite. Una de esas mañanas del final del otoño y el inicio del invierno, en un campo cercano al pueblo, vino paseando a coser unos agujeros de las mallas. Al inmortalizarla Iván con su cámara mientras las cosía pensé en la similitud de aquella escena, la misma, que se puede contemplar en los muelles de los puertos de los pescadores. Y así los veo en el recuerdo. Como a pescadores de Tierra…

José y Vicenta son la muestra de un amor que ya ha pasado el medio siglo. Ellos y el Tío Manuel, al que admiro desde todos los ángulos posibles, son el legado de un trabajo que tiene que devolvernos la esperanza hacia el futuro. El Campo es la alternativa que ahora más que nunca debemos dinamizar, recuperar del injusto ostracismo en el que actualmente vive. Tenemos que darle la cara de nuevo y ver, en su inmensa grandeza, que podemos servirnos  de los recursos necesarios, que ya urge potenciar, para sacarnos de esta crisis en la que ya nadie ve su final ni sabe pronosticar su magnitud.

REFLEXIONES DE UN INQUIETO

Iván y su padre Vicent recolectando un Olivo del ribazo

No puedo evitar (ni quiero) reflexionar sobre lo vivido que me ha aportado esta experiencia y que me ha esclarecido muchos interrogantes que voy a ir desgranando para que el lector sea el último en sacar de todo ello su propia conclusión, como no debe ser de otro modo.

Nuestro Sector del Campo, el Agrícola y el Ganadero, están siendo desde hace años acosados por las normas europeas que regulan las producciones de los Estados miembros. Nos convencieron que esa unión económica, la del Euro, iba a ser la panacea de una vertiginosa prosperidad y desarrollo. Comenzaron acercándonos ayudas (las acercan) que permiten cubrir en parte las necesidades para alcanzar tal bonanza. Pocas décadas después, una crisis mundial hace temblar las bolsas internacionales. Hubo países como Noruega que no vieron claro eso de la Unión Europea, y personalmente creo, que sus salmones y sus productos, su riqueza natural, lo agradeció. Por allí soplan otros vientos.

Es difícil entender como años de alianza europea han sido peor para unos que para otros. Los salarios mínimos de franceses e ingleses, por citar de memoria los que sé que son seguros, tienen el doble del salario mínimo que los españoles. Los Derechos Sociales entre los pueblos que la componen son superiores a los que aquí se tienen y aún nos dicen que tenemos para rato de austeridad y que las jubilaciones son un lastre que se tiene que reformar con más años de cotización. Aquí, no se lucha contra esta medida impuesta de jubilarse a los 67 años. Allí se niegan y protestan para que no se incremente de los 60 a los 62 ¿No es esta una diferencia que confirma una desigualdad que no tiene más explicación que la de la arrolladora razón? Es posible que alguien, un día, un año o un siglo de estos se atreva a plantear que pertenecer a la Unión Europea ha sido y es un error. Que ha dilapidado nuestros recursos para que los países con más poder económico puedan seguir ordeñando nuestras ubres en beneficio propio. Estoy convencido que recuperar nuestro calendario, con paciencia; de que si miramos de nuevo nuestro entorno con los ojos de la sinceridad heredada por nuestros antepasados, podemos ser lo suficientemente capaces de salir de esta ruina social a la que fuimos arrojados sin prever las consecuencias en las que ahora nos vemos. En el Campo caben todos. Y cuando digo todos, me refiero a esos emigrantes que están ayudando, y mucho, en su rehabilitación; que cuidan a nuestros mayores (se ve que hemos olvidado cómo se hace) con los que he tenido el privilegio de compartir codo con codo la descarga de cajones de aceitunas en la Almazara. Y sin embargo, nuestra gratitud social (sobre todo en las ciudades) es la del desprecio y la desconfianza. Es necesario reconocer a estos hombres y mujeres que vienen a darnos lo mejor que tienen. Que cubren nuestras necesidades y limpian nuestros hogares sin que se les reconozca como a las personas que son. Debemos ser justos y no caer en la fácil costumbre de cebarnos con el indefenso cuando oímos una tragedia y se la adjudicamos a todo un colectivo que nada tiene que ver con hechos aislados que puede protagonizar cualquiera, español o no.

Trabucando la cosecha

He sido testigo de muchos campos abandonados durante estos días de espléndida campaña llenos de excelentes aceitunas. No dejaba de preguntarme sobre si algún colectivo de parados del campo pudiera tener la posibilidad de hablar con los propietarios para recuperarlos a cambio de la cosecha. Limpieza y poda de mantenimiento recompensado por la obtención del fruto. Muchos de nuestros mayores, al morir, por estar solos o porque no hay una continuidad en la labor de trabajarlos, los dejan perder. Aquel pensamiento me convenció de que es el campo la alternativa más firme que en estos momentos se debe abordar. Que siempre fue y es un laboratorio de ideas. Siempre he escuchado a mujeres y hombres mayores decir que la tierra nunca falla. Un año más o menos generoso, pero siempre hace acto de presencia. Como el Olivo. Que un año trabaja y otro descansa, que dicen por Espadán. Aunque algunos, por su ubicación y las horas de sol son poco irregulares y cada año dan fruto.

He sido jornalero ocasional, y no veo más fronteras y desafíos que los que el horizonte me muestra, que me ha nutrido la sencillez de todos los que he conocido con su propia grandeza. En mi corazón están cincelados los destellos de muchos gestos, rostros, miradas. Todos ellos dejaron en esta campaña de la aceituna, en la Sierra de Espadán, en Algimia de Almonacid, Castellón, una huella imborrable que me acompañará hasta la Nada o hasta la Eternidad. Mis amigos me preguntan si volveré el año que viene y, aunque sería una buena señal poder hacerlo, hace tiempo que, como me dice una amiga, no conviene ponerle agenda a la vida. Y más cuando la vida es en sí una permanente interrogación.

Benjamín Lajo Cosido (Memorialista)

Fotografías: Iván Navarro Gimeno

comentarios
  1. Os deseo mañana una jornada histórica como todo indica. Y salvo emergencias por necesidad de efectivos, el día 25 se fundirán más aullidos…

    “La Insurrección es el más santo de los deberes” -La Fayyet, Asamblea Constituyente. 20 de Febrero de 1790.

    ¡Salud! ¡Dignidad!; ¡TIERRA Y LIBERTAD!

    • frepublicanos dice:

      Gracias Benjamín, nos veremos pronto. OPjalá tus deseos, y nuestros, se conviertan en una realidad.

  2. Tu y yo sabemos, como amalgama también, que se cumplieron los sueños. Y cada día, otro sueño que vivir. Hasta que esta cizaña se funda en su odio trapero y terrorista. Manipulador sereno. Poder que enmoheces nuestras vidas, ¡Vergüenza! fue nuestro grito. La misma que sentimos al ver como “Voláis” este país de países que nunca fue Libre ni Uno. Grande hasta que nos lo robasteis y lo vendisteis, a vuestros amos del Norte.

    Cuelga cómo lo vivimos, compañero, compañero,,,

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