Alí Baba y los cuarenta ladrones

Publicado: 07/12/2010 en Artículos, Opinión
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Responsables de las 37 empresas más importantes del país (1), que en conjunto representan, según sus propias apreciaciones, más del 40% del Producto Interior Bruto español, se reunieron el pasado sábado 27 de noviembre con Zapatero, Elena Salgado y Alfredo Pérez Rubalcaba, los más conspicuos representantes del ultraliberalismo de su partido. En total 40, como en el cuento, ¿será casualidad?

Los reyes del pelotazo, el ladrillo, la economía basura y la especulación; los jefes de fila de esas 1.400 familias de la oligarquía que mandan de verdad, por encima de normas democráticas, consensos y demás zarandajas; la minoría antisocial que ha recibido del Gobierno más de 150.000 millones de euros, pagados por todos, para mantener sus negocios saneados (2), se reunieron con Zapatero, no para comprometerse en buscar solución a la crisis sin agravar más aún la situación de millones de familias trabajadoras; no para asegurar el crédito y la inversión que hasta ahora niegan; su intención al acudir al encuentro era otra, reclamar al gobierno “que no le tiemble el pulso, que sea firme, rápido y contundente” para aplicar las reformas pendientes (desarrollo de la reforma laboral, pensiones, sector financiero, sector público y energía). Rato, el ultrarreaccionario presidente de Caja Madrid, fue aún más claro, como corresponde a un ex dirigente del PP, aupado a la presidencia de la tercera entidad financiera de España, con la ayuda, conviene no olvidarlo, de Ángel Pérez y sus secuaces. Rato dio su receta: “El problema es que fuera no nos creen, es mejor sobreactuar que quedarnos cortos en las reformas” (El País, 28 de noviembre)

Más claro, agua: quien aún a estas alturas considere que la ofensiva contra los intereses de la mayoría social, puede tener fin sin una respuesta contundente de ésta, no solo sindical, que también, sino política, puede ir abandonando toda esperanza. Esta cofradía de parásitos lo quiere todo, y cuenta con el apoyo político de prácticamente todo el Parlamento (Rajoy no fue, por aquello del rédito electoral que espera sacar cuanto más se hunda en el lodo el gobierno social liberal, pero mostró su acuerdo con lo expuesto por los que controlan la chequera).

Zapatero  convocó a los empresarios con la coartada de dar confianza a los mercados y comprometer su intervención para aumentar la inversión y las exportaciones y hacer más competitiva la economía española. Una coartada que no resiste ningún análisis, dado que los 37 patronos reunidos con él, son parte de la elite de esos “mercados” que especulan con la deuda española y de otros países, imponen los planes de ajuste más duros y recomiendan la aplicación de las reformas más brutales, sin sujeción a ninguna formalidad democrática. Esos mismos “mercados”,  respondían el lunes 29, llevando el coste de la deuda nacional a máximos históricos.

Respecto a su compromiso con la salida de la crisis, la burguesía imperialista, a estas alturas, no se anda con tapujos y habla claro. Así se despachaba el editorial de “El País” del día siguiente, sobre la voluntad real de los grandes empresarios: “…A la vista de la presión financiera contra la deuda española, las grandes empresas podrían imponer una estrategia general de endeudarse en España e invertir en países poco sospechosos para los mercados. Cuestión de calidad relativa de los activos y los pasivos. Es poco probable que el discurso del presidente haya dejado convencidos del todo a los asistentes” (cabría añadir que tampoco lo pretendía).

Es decir, la oligarquía española, en palabras de uno de sus principales medios de propaganda, lo que busca es cargar la deuda de sus negocios a los ciudadanos españoles, invertir en otros países, explotando mano de obra más barata y asegurar sus intereses especulativos en mercados menos arriesgados. Traducido, para que se entienda más claro: socializar las pérdidas y garantizar el control privado de sus ganancias. Y para los trabajadores españoles, la receta de los grandes patronos, ya lo dijo el presidente en funciones de la CEOE y presunto estafador, Díaz Ferrán: “que trabajemos más y cobremos menos”.

Como le pedían, no se hizo esperar Zapatero. En respuesta a la voz de su amo, el miércoles 1 de diciembre anunciaba en el Parlamento la adopción de nueve medidas que van en un mismo sentido reaccionario: eliminación del subsidio de 426 euros a parados sin prestación; privatización de AENA y de la Sociedad Estatal de las Loterías y Apuestas del Estado; mayores exenciones en el impuestos de Sociedades, etc. Su nuevo ministro de Trabajo Valeriano Gómez (deberían crear un ministerio del cinismo para este ejemplar de “sindicalista” neoliberal) anunciaba para el 28 de enero la reforma de las pensiones… suma y sigue.

Al día siguiente del encuentro en la Moncloa, se celebraban las elecciones al Parlamento catalán, cuyo resultado venía a ser la crónica de un desastre anunciado: el del social liberalismo, que nada tiene que ofrecer a sus propios votantes, sino más de lo mismo: sumisión política a los dictados de la oligarquía imperialista, firmeza, rapidez y contundencia para traducir en imposiciones políticas, las decisiones de los “mercados”; en definitiva, más Estado para defender al capital imperialista y menos Estado para defender a los trabajadores y las clases populares.

Los cuarenta ladrones que se reunieron el pasado día 27 en La Moncloa (y algunos más que faltaron porque aún no tienen entidad suficiente para participar en tan selecto encuentro u optaron por dejar que se queme el anfitrión) están al otro lado, defienden otros intereses que no solo no se identifican con los de la mayoría trabajadora, incluidos muchos pequeños y medianos empresarios y autónomos, sino que están directamente enfrentados.

O ellos, o nosotros, en estos términos se plantea la cuestión. Y mientras no exista una referencia política que articule la unidad y exprese en términos políticos los intereses comunes de esa mayoría, los votantes seguirán desorientados, el voto de izquierda seguirá absteniéndose y la política se polarizará, pero en un sentido alejado del progreso, hacia el nacionalismo más torpe o, lo que es peor, hacia el populismo de corte fascista.

¿Hay condiciones para esa unidad? Sí; ¿existe necesidad de ella? Por supuesto. ¿Qué falta, entonces? Decisión política para encarar colectivamente un cambio de verdad; un cambio que solo puede hacerse rompiendo con el presente de permanente degradación democrática y yendo a por el futuro, con la firmeza que hoy es imprescindible.

Esperemos que los pasos en ese sentido se aceleren, porque no hay salidas en falso y quien así lo crea, se engaña: contra la oligarquía únicamente cabe claridad y firmeza en la propuesta; contra el régimen que la sustenta: República; contra la dispersión de la izquierda: unidad.

(1) Al encuentro, acudieron los presidentes de los principales bancos del país: Santander, BBVA, Popular, La Caixa y Caja Madrid;  de las compañías energéticas y de comunicación, Gas Natural-Unión Fenosa, Iberdrola, Endesa, Gamesa, Cepsa, y Telefónica; las principales constructoras: Acciona, ACS-Dragados, FCC, Ferrovial, OHL y Sacyr-Vallehermoso y  de otras grandes empresas como El Corte Inglés, Inditex, Indra, Iberia, Ebro Foods, Grifols, Mapfre, Mondragón, Sol Meliá, y Telecinco, además de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones, ANFAC.

(2) Y vaya si es así: entre enero y junio de este año, las empresas representadas en el Ibex 35 ganaron 25.000 millones de euros, un 8% más que en el mismo periodo del año anterior.

Estas son las nuevas medidas impuestas por el Gobierno el miércoles 1 de diciembre, tras su reunión con los grandes empresarios:

1. Impuesto a pymes: extensión del primer tramo del Impuesto de Sociedades que tributa al tipo reducido, pasando de 120.000 euros a 300.000.

2. Definición de pequeña empresa: ampliación del concepto de empresa de tamaño reducido según el volumen de facturación. Se pasa de 8 millones de euros a 10 millones. Se podrán beneficiar 40.000 empresas, según las primeras estimaciones.

3. Cuotas: eliminación de la obligación de todas las empresas de pagar cuotas a las Cámaras de Comercio.

4. Amortización de impuestos: generalización de la libertad de amortización en el Impuesto de Sociedades hasta 2015 para todas las empresas. Hasta el momento estaba permitido únicamente a las pymes. Además se facilita la creación de empresas mediante la adaptación de las medidas contempladas en la Ley de Economía Sostenible sobre la reducción de plazos y costes.

5. Regulación de las agencias privadas de colocación: es consecuencia de la reforma laboral que obliga al Gobierno a fijar el papel que podrán tener las empresas de colocación privadas

6. Paga a los desempleados: supresión de la ayuda de 426 euros a los parados sin prestación. Esta medida finalizará en febrero.

7. Servicios Públicos de Empleo: 1.500 orientadores laborales más con el objetivo de favorecer la creación de empleo.

8. Aeropuertos: privatización del 49% de AENA. Se permite la entrada a capital privado en la gestión de los aeropuertos del Prat y Barajas mediante un régimen concesional.

9. Loterías: privatización del 30% de la Sociedad Estatal de las Loterías y Apuestas del Estado.

10. Funcionarios: los empleados públicos de nuevo ingreso se integrarán en el Régimen General y el Régimen de Clases Pasivas “quedará a extinguir”.

Tomado de Cinco Días. com

Fuente: PCE(m-l)

comentarios
  1. jose mª dice:

    EL TITULAR YE PERFECTU

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