Comunicado del PCE (m-l) para la movilización del 29 de septiembre

Publicado: 11/09/2010 en Adhesiones, Comunicados
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Es necesaria otra política para afrontar la crisis capitalista; una política que, en lugar de reducir el gasto como ha hecho el Gobierno, aumente la inversión, garantice y mejore los servicios públicos y las prestaciones sociales, dé cobertura a los parados y a los sectores más golpeados por la crisis. Además de necesaria, esta otra política es posible, si se aumentan los ingresos del Estado, combatiendo con decisión el escandaloso fraude fiscal de los grandes empresarios y financieros, superior a los 70.000 millones de euros anuales, y al tiempo se aumentan los impuestos a las rentas mayores, que disfrutan de exenciones y beneficios fiscales intolerables.

Zapatero y su Gobierno, sin embargo, han decidido seguir la vía que conviene a una minoría empresarial irresponsable y parásita, cuya avidez antisocial provocó la crisis y que ahora pretende mantener sus enormes beneficios robando más y con mayor descaro a la mayoría trabajadora. Son esas 1800 familias que controlan más del 80% del PIB en España, las que, gracias al consenso antiobrero de las fuerzas parlamentarias, se han reforzado.

La crisis es general y tiene alcance internacional, sí; pero en España tiene una especial gravedad y provoca unas consecuencias sociales particularmente dramáticas, en términos de paro, precariedad y degradación de las condiciones de vida y trabajo de millones de personas, debido a la estructura económica y al modelo de relaciones laborales que se ha impuesto en nuestro país, que dan cada vez más poder a un empresariado parasitario, acostumbrado al dinero fácil y al trato paternalista y autoritario, propio del franquismo. El peso de la corrupción y el caciquismo; la soberbia irracional y antisocial de los grandes empresarios; la saña y ligereza con la que se tratan en el Parlamento y en las instituciones (desde la casa real al poder judicial) los asuntos que afectan a la mayoría trabajadora, demuestran la íntima ligazón que existe entre la oligarquía empresarial y financiera y los principales dirigentes políticos, así como las insuficiencias y limitaciones del régimen monárquico continuista, controlado por la misma casta que medró durante la dictadura e impuso su modelo de transición sin ruptura real con el franquismo.

Que más del 90% del Parlamento apoye este brutal ataque contra los trabajadores, colocándose sin tapujos en el campo de los Botín, Díaz Ferrán y Cía., demuestra hasta qué punto sin retorno ha llegado la separación entre la clase política y los ciudadanos. Nada cabe esperar de esas instituciones: todos los acuerdos adoptados en el trámite parlamentario y las continuas presiones de la derecha van en el sentido de mayores recortes; y que nadie dude que cumplirán sus amenazas si el movimiento obrero no les para los pies en la calle. A estas alturas, queda claro que no cabe hablar de otro modelo económico, basado en la reactivación del tejido productivo, una fiscalidad progresiva y justa, el fin de la especulación, un sector público fuerte y el respeto a los derechos laborales y sociales de los trabajadores, si no se supera un marco político que vive a espaldas de la mayoría social, y que legista y actúa contra ella.

Contra la mayoría social, la democracia no es más que una palabra sin contenido, una farsa. El Gobierno de Zapatero, el PP de Rajoy, CIU, PNV,UPyD y las demás fuerzas de la derecha no han dudado en saltarse leyes, acuerdos y pactos que previamente habían suscrito. Para ellos, las reglas las dictan los mercados y la gran patronal empresarial y financiera, cuya palabra pesa mucho más que la de millones de trabajadores y ciudadanos.

Los trabajadores deberemos, pues, comenzar a traducir nuestros intereses sociales y laborales en términos políticos, trabajando por la unidad de la izquierda en torno a un programa de ruptura con la maraña de caciques, oligarcas y políticos corruptos que ignora las mínimas normas democráticas; debemos preparar las condiciones para, en un futuro inmediato, superar el limitado marco político actual y conquistar otro verdaderamente democrático, republicano, federal y popular, que garantice las conquistas sociales y ponga freno a la avidez de la gran patronal empresarial y financiera. En ese camino, hoy toca reforzar las organizaciones sindicales, trabajar sin descanso por la unidad y organizar la Huelga General del próximo 29 de septiembre para que sea una respuesta contundente que pruebe al capital la fuerza del movimiento obrero organizado. No es una batalla más, sino el inicio de una confrontación de clase en la que debemos dejar claros nuestros intereses generales por encima de sectores y ramas y transformarlos paulatinamente en acción política.

Nadie nos va a regalar nada. La lucha va a ser larga y dura. El sindicalismo representa hoy el último obstáculo en la intención del gran capital imperialista de hacer retroceder el reloj de la historia hacia los tiempos en los que el trabajador no era más que un mecanismo más de la maquinaria, sin derechos ni voz.

Por eso, van a profundizar la campaña antisindical con nuevas calumnias y mentiras; van a hacer todo lo posible por dividir y enfrentar a unos contra otros: parados, precarios inmigrantes, sector público y privado, etc.; moverán su inmenso aparato de propaganda y manipulación para convencer a los trabajadores de que los ajustes son inevitables. Amenazarán y, si con eso no les basta, recurrirán, como tantas otras veces, a la represión. Pero no estamos solos, ni nos faltan razones: están en juego intereses vitales para millones de trabajadores que sabrán responder, como en otras muchas ocasiones, a este nuevo reto. El día 29 hay que ganar la calle y hacer valer la fuerza y el poder de nuestra clase.

¡¡¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!!!

¡¡¡ORGANICEMOS LA HUELGA GENERAL DEL 29 DE SEPTIEMBRE!!!

¡¡¡UNIDAD SINDICAL Y DE CLASE CONTRA EL CAPITAL Y SUS LACAYOS!!!

Partido Comunista de España (marxista-leninista)

Es necesaria otra política para afrontar la crisis capitalista; una política que en lugar de reducir el gasto como ha hecho el Gobierno,
aumente la inversión, garantice y mejore los servicios públicos y las prestaciones sociales, dé cobertura a los parados y a los sectores
más golpeados por la crisis. Además de necesaria, esta otra política es posible, si se aumentan los ingresos del Estado, combatiendo con
decisión el escandaloso fraude fiscal de los grandes empresarios y financieros, superior a los 70.000 millones de euros anuales, y al tiempo
se aumentan los impuestos a las rentas mayores que disfrutan de exenciones y beneficios fiscales intolerables.
Zapatero y su Gobierno, sin embargo, han decidido seguir la vía que conviene a una minoría empresarial irresponsable y parásita, cuya
avidez antisocial provocó la crisis y que ahora pretende mantener sus enormes beneficios robando más y con mayor descaro a la mayoría
trabajadora. Son esas 1800 familias que controlan más del 80% del PIB en España, las que gracias al consenso anti obrero de las fuerzas
parlamentarias, se han reforzado.
La crisis es general y tiene alcance internacional: sí, pero en España tiene una especial gravedad y provoca unas consecuencias sociales
particularmente dramáticas, en términos de paro, precariedad y degradación de las condiciones de vida y trabajo de millones de personas,
debido a la estructura económica y al modelo de relaciones laborales que se ha impuesto en nuestro país, que dan cada vez más poder a un
empresariado parasitario, acostumbrado al dinero fácil y al trato paternalista y autoritario, propio del franquismo. El peso de la corrupción
y el caciquismo; la soberbia irracional y antisocial de los grandes empresarios; la saña y ligereza con la que se tratan en el Parlamento y
en las instituciones (desde la casa real al poder judicial), los asuntos que afectan a la mayoría trabajadora, demuestran la íntima ligazón
que existe entre la oligarquía empresarial y financiera y los principales dirigentes políticos, así como las insuficiencias y limitaciones del
régimen monárquico continuista, controlado por la misma casta que medró durante la dictadura e impuso su modelo de transición sin
ruptura real con el franquismo.
Que más del 90% del Parlamento apoye este brutal ataque contra los trabajadores, colocándose sin tapujos en el campo de los Botín,
Díaz Ferrán, y cia, demuestra hasta que punto sin retorno ha llegado la separación entre la clase política y los ciudadanos. Nada cabe
esperar de esas instituciones: todos los acuerdos adoptados en el trámite parlamentario y las continuas presiones de la derecha van en el
sentido de mayores recortes; y que nadie dude que cumplirán sus amenazas si el movimiento obrero no les para los pies en la calle. A
estas alturas, queda claro que no cabe hablar de otro modelo económico, basado en la reactivación del tejido productivo, una fiscalidad
progresiva y justa, el fin de la especulación, un sector público fuerte y el respeto a los derechos laborales y sociales de los trabajadores, si
no se supera un marco político que vive a espaldas de la mayoría social, legista y actúa contra ella.
Contra la mayoría social, la democracia no es más que una palabra sin contenido, una farsa. El Gobierno de Zapatero, el PP de Rajoy,
CIU, PNV, UP y D y las demás fuerzas de la derecha, no han dudado en saltarse leyes, acuerdos y pactos que previamente habían suscrito.
Para ellos, las reglas las dictan los mercados y la gran patronal empresarial y financiera, cuya palabra pesa mucho más que la de millones
de trabajadores y ciudadanos.
Los trabajadores deberemos, pues, comenzar a traducir nuestros intereses sociales y laborales en términos políticos, trabajando por
la unidad de la izquierda en torno a un programa de ruptura con la maraña de caciques, oligarcas y políticos corruptos que ignora las
mínimas normas democráticas; debemos preparar las condiciones para, en un futuro inmediato, superar el limitado marco político actual
y conquistar otro verdaderamente democrático, republicano, federal y popular, que garantice las conquistas sociales y ponga freno a la
avidez de la gran patronal empresarial y financiera. En ese camino, hoy toca reforzar las organizaciones sindicales, trabajar sin descanso
por la unidad y organizar la Huelga General del próximo 29 de septiembre para que sea una respuesta contundente que pruebe al capital
la fuerza del movimiento obrero organizado. No es una batalla más, sino el inicio de una confrontación de clase en la que debemos dejar
claros nuestros intereses generales por encima de sectores y ramas y transformarlos paulatinamente en acción política.
Nadie nos va a regalar nada. La lucha va a ser larga y dura. El sindicalismo representa hoy el último obstáculo en la intención del gran
capital imperialista de hacer retroceder el reloj de la historia hacia los tiempos en los que el trabajador no era más que un mecanismo más
de la maquinaria, sin derechos ni voz.
Por eso, van a profundizar la campaña anti sindical con nuevas calumnias y mentiras; van a hacer todo lo posible por dividir y
enfrentar a unos contra otros: parados, precarios inmigrantes, sector público y privado, etc.; moverán su inmenso aparato de propaganda y
manipulación para convencer a los trabajadores de que los ajustes son inevitables. Amenazarán y si con eso no les basta, recurrirán, como
tantas otras veces, a la represión. Pero no estamos solos, ni nos faltan razones: están en juego intereses vitales para millones de trabajadores
que sabrán responder, como en otras muchas ocasiones a este nuevo reto. El día 29 hay que ganar la calle y hacer valer la fuerza y el poder
de nuestra clase.
¡¡¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!!! ¡¡¡ORGANICEMOS LA HUELGA GENERAL DEL 29 DE SEPTIEMBRE!!!
¡¡¡UNIDAD SINDICAL Y DE CLASE CONTRA EL CAPITAL Y SUS LACAYOS!!!

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