La refundación de Izquierda Unida y los fundamentos de la unidad, por J. Romero

Publicado: 15/07/2010 en Artículos, Opinión
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Refundar Izquierda Unida: ese es el objetivo que se marcó la coalición en su IX Asamblea General de noviembre de 2008. En ese proceso, el primer encuentro general se celebró en Fuenlabrada, el pasado 26 de junio.

Al menos en teoría, toda la izquierda española es consciente de la necesidad de unirse para afrontar la ofensiva política de la derecha envalentonada. Los sindicatos de masas han dado un primer paso convocando, tras mucha indecisión, a los trabajadores a la huelga general el próximo 29 de septiembre. Pero la clase obrera tiene enfrente un bloque oligárquico que controla más del 90% del Parlamento, la inmensa mayoría de las instituciones del estado monárquico y un poderosísimo aparato de propaganda puesto sin fisuras a su servicio. Con este panorama, si algo debe quedar claro, es que las clases populares no van a obtener victorias significativas en la lucha que empieza, si no la dota de objetivos políticos generales.

Se da por descontado que las fuerzas políticas y sociales de la izquierda coincidiremos en la organización de la Huelga General, en las convocatorias de solidaridad y en las movilizaciones populares que están por venir. Así ha sido en otras ocasiones. Pero no se trata sólo, ni fundamentalmente, de eso; hablamos de reconstruir unitariamente la izquierda política, lo que no es necesariamente lo mismo que refundar IU; hablamos de orientar y dar perspectiva política a un enfrentamiento que no sólo va a ser largo y duro, sino que se da en condiciones de debilidad frente a un enemigo poderoso. Hablamos, en definitiva, de unidad de acción para preparar el éxito de la Huelga General, sí, pero sobre todo, de la necesidad de lograr la unidad popular para trabajar desde ya por la superación democrática del régimen monárquico continuista, por un nuevo marco republicano, popular y federal que permita desarrollar en mejores condiciones la lucha de la mayoría social frente a la oligarquía y sus servidores. Cualquier otra alternativa lleva al movimiento popular a una vía sin salida.

Por eso es lógico que se vea como algo positivo la refundación de IU, siquiera sea porque la mayoría de gentes y fuerzas de esa coalición son parte fundamental en la reconstrucción de una referencia política nueva que unifique, represente y dirija las demandas de las clases populares.

Ahora bien, refundar una organización política requiere asentar su programa sobre nuevos fundamentos, adoptar unas bases y principios de actuación nuevos, acordar unas formas de organización que garanticen una coherencia entre lo que se dice en las asambleas y lo que defienden sus dirigentes y representantes en los foros e instituciones políticas del estado.

Es ilustrativo que fuera precisamente la IX Asamblea la que adoptó la decisión de refundar IU, porque esa Asamblea fue la mejor prueba de la permanencia de la contradicción que la ahoga: la consciencia de que «algo ha de cambiar» para volver a «hacer creíble y necesaria una propuesta de izquierda anticapitalista, alternativa y transformadora» y la incapacidad de construir nada nuevo y capaz de ilusionar, sin atacar la raíz de los problemas y con los Llamazares, Pérez, Nuet y cía., es decir, una parte importante y muy significativa de la dirección real (la que adopta las decisiones y marca la agenda política de IU en las instituciones del Estado en las que participa) haciendo la política que más les conviene, aunque ello signifique hacer justo lo contrario de lo que se predica.

¿Es posible que a lo largo de estos meses haya cambiado algo sustancial; que, como Enrique de Santiago, coordinador del proceso de refundación, señala en una reciente entrevista: en IU, «todos han asumido la importancia de priorizar lo esencial sobre lo secundario»? ¿Es la refundación de IU el verdadero propósito puesto en evidencia en la Asamblea del pasado 26 de junio?

Mucho nos tememos que no. Confiada en el repunte electoral que auguran las encuestas, la dirección de IU se ha limitado a invitar a la asamblea, en un revoltijo amorfo, a un conjunto de organizaciones y personas (1) que, en general, siempre han estado en el ámbito de influencia de la coalición, cuando no dentro y que con el paso de los años fueron apartándose de ella por diversas razones. Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que más que un primer paso para la refundación, la asamblea del pasado 26 de junio fue un intento de reagrupamiento de IU.

En la coyuntura actual, la unidad de la izquierda no se logra sumando en un todo caótico y disperso las diversas áreas sectoriales de trabajo. Es imprescindible establecer unos objetivos comunes, que necesariamente deben orientarse en un sentido de lucha por un nuevo marco republicano, popular y federal, con un programa político enfrentado, directa y frontalmente, al actual dominio de la oligarquía en la vida política española y al régimen que le da acomodo. Es decir, no hay verdadera unidad de la izquierda sin ruptura con el statu quo en el que se sigue moviendo, con mayor o menor convicción, la actividad institucional de Izquierda Unida.

El movimiento republicano y el movimiento sindical no son una parte más de la confluencia de la izquierda. Son precisamente los núcleos de vertebración de la unidad, o deben serlo si no queremos convertirla en la enésima “cesta de cangrejos” en la que todo cabe: hablar de transformación, ruptura democrática y república en los foros y asambleas, al tiempo que se pacta con el PP en Caja Madrid o se apoya una ley sobre las víctimas del terrorismo que, se reconozca o no, asume muchas de las posturas más aberrantes del PP en la materia y deja al margen el terrorismo de estado.

Seamos claros: una buena parte de los dirigentes de la coalición son objetivamente parte del sostén, por la izquierda, del régimen oligárquico que no cuestionan, y siguen condicionando decisiva y negativamente la actividad práctica de la coalición, deteriorando su imagen ante los trabajadores y ciudadanos.

En Izquierda Unida, la sufriente e ignorada militancia de base no participa de las grandes decisiones practicas que realmente adoptan sus dirigentes en las instituciones, mientras que éstos se dividen continuamente en multitud de familias constantemente peleadas, estableciendo alianzas inestables para, al final, cerrar filas únicamente cuando toca mantener el delicado equilibrio de fuerzas interno, aunque hasta ahora ello se haya hecho, las más de las veces, arrojando la coherencia por la borda.

En Izquierda Unida, las cesiones siempre las ha hecho su izquierda: Cayo Lara, el actual Coordinador General, sin ir más lejos, fue elegido por un ajustado 55 % de los votos del Consejo Federal de IU, en diciembre de 2008, después de que la IX Asamblea General, la misma que puso en marcha formalmente el proceso de refundación, celebrada unas semanas antes, fuese incapaz de nombrar Coordinador (2).

Meses después, en marzo de 2009, IU de Madrid elegía su dirección, encabezada por Gregorio Gordo, triste hombre de paja del derechista y campeón de la marrullería, Ángel Pérez, por práctica unanimidad (nada menos que el 93% de los votos). Salta a la vista que, como decimos, sus dirigentes más desacreditados mantienen un cómodo control del aparato e imponen al final su criterio, utilizando la “unidad” como excusa.

La derecha de IU, sin embargo, nunca ha cedido en lo que considera esencial de su proyecto político; por el contrario, ha llegado a forzar o, incluso, encabezar la ruptura de la organización donde y cuando lo ha considerado necesario para reforzar su posición: así ocurrió en Cataluña, el País Valenciano y, más recientemente, Asturias. Y eso es lo que pasó anteriormente con la denominada “nueva izquierda”, que terminó echándose en brazos de la “casa común”, tras sabotear durante meses el trabajo de Izquierda Unida, con una libertad de movimientos realmente inexplicable.

De hecho, en las próximas elecciones municipales y autonómicas, muchos de esos dirigentes oportunistas van a ser quienes lideren en la práctica la política de la coalición, su cabeza visible en lugares tan importantes como Madrid (3), lo que va a dañar la credibilidad del propio proceso de refundación de IU, que está previsto que finalice en 2012, significativamente tras las próximas elecciones generales.

Tenemos muy claro que en una fuerza unitaria de la izquierda es necesario convivir con sectores oportunistas y derechistas; que la “pureza” en política es, muchas veces, el argumento final de quienes temen crear las condiciones para hacer más fuerte al campo popular. Nosotros sabemos y aceptamos que la unidad sólo se alcanzará si todos somos capaces de colocar lo esencial por delante de lo secundario. Pero esa convivencia no puede condicionar el programa real, las grandes líneas que unen a las fuerzas y gentes implicadas. Un buen ejemplo histórico de lo que decimos nos lo brinda la experiencia del Frente Popular, que fue capaz de respetar la actividad de cada fuerza comprometida, aun con sus contradicciones, al tiempo que forzaba a todas a respetar los acuerdos comunes.

Y mucho nos tememos que ello aún no es posible en IU (aunque sí con la mayoría de su gente), ni lo será mientras su izquierda más consecuente no acepte correr el riesgo de romper con los sectores que mantienen a la coalición en el “limbo” de la indefinición, pegada al frufrú de la política cortesana, del consenso y de lo aceptable en el juego institucional.

Fuera de IU hay mucha izquierda y bueno es que una parte de su dirección lo sepa y lo señale públicamente; pero fuera de IU (y cada vez en mayor medida, al margen de la lucha política y de la izquierda) hay millones de trabajadores y ciudadanos que están sufriendo la brutal contundencia de una crisis que es algo más que económica, sin instrumentos políticos propios.

Seguiremos trabajando por esa unidad, veremos cómo evoluciona el proceso de refundación de IU y esperamos que los sectores de verdad interesados en avanzar juntos, que son muchos en Izquierda Unida, no lo dudamos, den el paso de colocar en el eje de la unidad los principios que pueden dar fundamento real a lo nuevo que debe nacer, si no queremos arriesgarnos a una grave derrota del campo popular. Pero lo primero es delimitar el campo, determinar quiénes y en qué condiciones pueden (podemos) aportar a esta tarea. En definitiva, el principal obstáculo para su refundación está dentro de IU. Fuera queda todo un trabajo que hacer, que estamos dispuestos a encarar sin demora, pero eso sí, con la claridad y la firmeza que las circunstancias requieren.

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(1) En su Guía participativa para la refundación de la izquierda, esta es la relación de los movimientos “emancipadores y transformadores” convocados a la “refundación”: feministas, ecologistas, sindicalistas, defensores (y defensoras) de los derechos humanos, personas migrantes, activistas del movimiento LGTB, activistas del cristianismo de base, personas del movimiento republicano, jóvenes pertenecientes al movimiento estudiantil, personas del movimiento vecinal, activistas de la cultura y la comunicación, personas del movimiento cooperativista y por otra economía, activistas del mundo rural y trabajadores (y trabajadoras) del campo, activistas por la solidaridad internacional y todo tipo de activistas contra la exclusión social y defensores de los derechos de minorías, de personas con discapacidad, de internautas, etc.

(2) En la IX Asamblea, la lista de Cayo Lara obtuvo el 43,3%, frente al 27,7% de los llamazaristas y el 18,8% de la llamada 3ª Vía o N-II, encabezada por el derechista Joan Josep Nuet.

(3) En marzo de este mismo año, por ejemplo, IU Madrid elegía como candidatos a la Comunidad y al Ayuntamiento a Gregorio Gordo y Ángel Pérez respectivamente, con una holgada mayoría cercana al 80% de su Consejo Regional. La izquierda de la coalición se plegaba una vez más, en aras de la “unidad interna”, y apoyaba a las cabezas visibles de una política que ha llevado a la coalición a unas cotas de descrédito muy serias.

Fuente: PCE(m-l)

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