Hace setenta y siete años este país tuvo la oportunidad de acercarse a Europa, de modernizarse, de superar su atraso secular. Esa oportunidad llegó con la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931.

Recibida con un inmenso apoyo y entusiasmo popular, la República representaba la legalidad y la legitimidad frente a la arbitrariedad, la corrupción y la ilegalidad de la monarquía encarnada por Alfonso XIII.
La República concedió el voto a la mujer, estableció el divorcio, inicio la reforma agraria, separó la Iglesia del Estado, acometió la reforma del Ejército, legisló a favor de los campesinos y obreros y llevó a cabo la mayor reforma educativa de nuestra historia. En solo dos años, entre 1931 y 1933, se construyeron más escuelas que en los treinta años anteriores de monarquía. Pero esa República tenía poderosos enemigos: los terratenientes,la Iglesia, la oligarquía financiera y amplios sectores del Ejército. Todas las fuerzas reaccionarias del país se confabularon para destruirla y finalmente lo lograron al precio de desencadenar una guerra civil.

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